Detoxificación emocional

Vivimos en la era ‘detox’. Cualquier elemento al que apliquemos el concepto detox mola, es mainstream y va a petarlo.

Detoxificamos el organismo cuando aplicamos sentido común a nuestros hábitos alimentarios o estilo de vida. Apagamos el teléfono o nos ausentamos de las redes sociales y lo llamamos detox digital… Ahora, también, conectamos con nuestro espíritu interior para soltar lastre y lo hacemos bajo el paraguas del detox emocional.

¿Es una crítica? No, no lo es, el mundo ha cambiado, a quién queremos engañar. Nuestra comunicación también ha cambiado, evolucionado o involucionado, aún es pronto para valorar. Tendemos a ‘hashtagear’ todo. Ya lo hacíamos pero sin nombre ni apellidos. Nuestro cerebro capta millones de inputs y solo etiquetamos y procesamos una minúscula parte, otra parte de esas sensaciones son etiquetadas y almacenadas sin procesar. El resto, la mayoría, se quedan ahí, en el limbo. Un buen día, cuando más lo necesitas y menos te lo esperas, sale a la superficie un frasquito de esos que habíamos etiquetado y guardado o de los que se fueron directamente al limbo. Se armó el lío… Los caminos del cerebro son inexcrutables.

La comunidad científica está hecha un lío. Ya no son necesarias terapias sistémicas para sanar el espíritu. Tengo un respeto infinito por la ciencia pero desde que me puse las gafas de ver el mundo en 360 grados mi mente es más abierta y creo firmemente que podemos curarnos con amor. Ojo! No quiero frivolizar. La salud mental es algo muy serio y muy necesaria. Pero también creo que muchos de nuestros males se originan por una desconexión entre nuestra vida exterior, la del día a día y la interior. Con tanto ruido y tantas prisas no escuchamos, ni al prójimo ni a nosotros mismos. El cuerpo nos habla, se comunica constantemente con nosotros.

A veces me detengo y me hago algo de caso. Últimamente más. Otras no. Lo voy aplazando y aplazando y aquello que se hubiera quedado en petardito para niños se ha convertido en sentex o c4.

Ahora estoy trabajando en mí, voy apagando fuegos con pequeñas detonaciones controladas. Desde que empezó mi camino interior he ido adquiriendo nuevas herramientas que me ayudan a encontrar mi centro. El fantástico mundo del coaching de ‘todo a 100’ nos tiene fritos con el positivismo gratuito, con ‘el tú puedes’, con el ‘nada es imposible’. ¡Y una mierda! A veces perdemos y cuanto antes lo asumamos antes volveremos al camino que nos acerca a ganar. Pero por qué no rendirse, por qué no abrazar el fracaso. No quiero volver a vivir dos vidas, la de fuera y la de dentro. Me niego. No es sano. Nos deshumaniza.

No estoy preparado para soltar y dejar ir, aún no. He perdido. Duele, pero no importa, ahora sé que no estoy solo, tengo mi caja de herramientas. Desde el minuto cero la estoy usando y funciona. El detox emocional funciona. Un buen día despertaré y esa piedra que aún noto en la mochila habrá dejado de pesar. Me sentiré libre, fuera de esta prisión.

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