La magia del Kundalini – El mantra Siri Gaitri

No me avergüenza confesar que llegué al yoga por una frivolidad y aunque me atrapó rápidamente fue con muchas reservas. Mi interés era exclusivamente la asana. Todo lo que iba más allá del mat me daba grima, me parecía hippie y estaba muy alejado de mi pensamiento cartesiano. Con frecuencia escuchaba la palabra ‘energía’ durante la práctica y me preguntaba cómo aplicaba la cinética o la biomecánica en aquel movimiento. Me desconcertaban muchísimo los ejercicios en los que había que desplazar la respiración por el cuerpo. ¿Llevar la inhalación hacia las piernas? Tenía que contenerme, estaban pidiéndome algo fisiológicamente imposible. Estas ‘cosas yóguicas’ me frenaban y alejaban. Seguía practicando porque el yoga me aportaba un bienestar aún indeterminado pero no acababa de adquirir el compromiso del que me habían hablado.

A mediados de 2016, en un retiro de Ashtanga en Asturias, conocí a alguien muy especial que además de impactarme profundamente en muchos planos vitales fue determinante en mi crecimiento espiritual. Las barreras no acabaron de bajar pero empecé a hacerme preguntas y a encontrar respuestas que aunque no comprendía completamente tenían mucho sentido. Este acercamiento fue un gran paso pero seguía sin estar preparado para rendirme y soltar lastre.

En el post ‘Volver al hogar‘ ya expliqué que esto cambió en The Garage. Allí ocurrió algo mágico que despertó mi interés por el yoga más allá del mat. Al principio eran pequeños inputs, sin saber cómo ni por qué me llevaba la práctica conmigo, no acababa sobre el mat con el OM del cierre. Las clases de Verónica me resultaban ‘mágicas’, eran diferentes, muy creativas, me provocaban vaivenes emocionales. Empecé a relacionar torsiones y aperturas de pecho o caderas con emociones muy determinadas. El bichito me había picado y de qué manera.

El Kundalini me parecía algo insoportable, completamente infumable. La única sensación que me provocaba era la de ‘qué narices estoy haciendo aquí’. Más de lo mismo, ni estaba preparado ni a mi antiguo yo, el pragmático, le resultaba aplicable.

A finales de febrero de 2017, Verónica impartió un taller al que llamó ‘Destinación: Meditación‘. Aquella experiencia dibujó ese antes y después. Salí de allí con una buena caja de herramientas para usar en mi día a día. Eran técnicas muy sencillas que me acercaron a la meditación y que resultaron un primer impulso desde el que he ido profundizando. Allí me rendí a la magia del Kundalini y a su capacidad sanadora. La repetición de un mantra integrado en la respiración conseguía llevarme a otro nivel de consciencia. No puedo explicar cómo ni por qué. Mi mente es endemoniadamente compleja, me cuesta mucho silenciarla, hacer que no salte de idea en idea. Con ‘aquello’ lograba reducir la velocidad, las ideas continuaban apareciendo pero no necesitaba procesarlas, se quedaban atrás. Era algo realmente nuevo para mí, una sensación que desconocía por completo, la paz interior, y ni tenía que ir a otro lugar ni hacer otra cosa, bastaba con permanecer allí mismo y buscar el camino de vuelta a casa, pero hacia dentro.

Mis meditaciones son principalmente Kundalini, en mi caso las más efectivas. Desde entonces me acompañan con frecuencia ante todo tipo de situaciones. En momentos muy difíciles logran acercarme a la curación. El mantra que uso es Siri Gaitri (RA MA DA SA, SA SAY SO HUNG) y es realmente poderoso.

1 Comment
  • Nana
    Posted at 10:36h, 17 enero

    Felicidades Óscar!! Preciosos escritos!! Gracias por compartir,

Post A Comment