Music was my first love

Más allá de mis relaciones sentimentales he tenido muchos amores. Me considero una persona muy ‘queredora’ y muy ‘querible’. En ese categórico ‘muchos amores’ caben todas mis pasiones. Mi familia y amigos con asiento en primera fila saben que soy una persona profundamente pasional. Cuando una nueva pasión entra en mi vida lo hace a fondo y a fuego lengo, no me basta con quedarme en la superficie, tengo que llegar a la raíz. Acaso no es esta la esencia de vivir, rendirse a algo o alguien ad infinitum. Me pasó con el yoga, con escritores como Sábato o Auster, con el entrenamiento inteligente, con las actividades acuáticas, con el activismo ecológico, con mi profesión: la tecnología… Mis pasiones van y vienen, sería imposible mantenerlas vivas de forma simultánea, pero cuando han recibido la etiqueta ‘pasión’ suelen quedarse. No se trata de aquello tan feo del ‘culo veo, culo quiero’.

Hay una pasión que siempre ha estado ‘activa’, una constante que me ha acompañado desde muy jovencito y que hoy, a mis cuarenta, sigue haciéndolo. Estoy hablando de la música. La música fue mi primer amor, ese que no olvidamos y que usamos para medir los que han venido después.

Compré mi primer álbum con 9 o 10 años, fue el ‘Thriller’ de Michael Jackson. El primero de varios miles. Mi colección de discos, como la de algunos de mis mejores amigos, se cuenta por miles. La cantidad dice mucho de esta ‘adicción’ pero dice aún más su contenido. Basta con cotillear un poco, ahí se encuentran muchas respuestas a la pregunta ¿quién soy? Esta colección es un fiel retrato de mi historia personal, de todos los caminos y bifurcaciones que he tomado. Mi primer amor es posiblemente el mejor cuidado, también el más respetado. Al que más leal he sido. Salvo para hacer algún regalo, nunca he roto su integridad. He pasado algún momento de dificultad económica y jamás se me pasó por la cabeza deshacerme de mis discos. Nunca, ni siquiera de unos pocos. En la película ‘Alta fidelidad’, una de mis preferidas, Lisa Bonet describe ese momento de la ruptura en la que hay que repartirse los discos. Conozco perfectamente esa sensación. Es algo trágico.

¿Qué se puede encontrar en mi colección? De todo, absolutamente de todo. 360 grados de apertura de miras. Están guardados sin ningún paradigma. Ningún orden, ni estilo, año, autor, alfabéticamente, nada… tampoco como los ordenaba John Cusack en ‘Alta fidelidad’, clasificados autobiográficamente. La arbitrariedad es en sí un paradigma, mi pozo de entropía. Encontrar un disco a veces es una tarea imposible. Con la excepción de media docena de bandas, mis fetiches, mi búsqueda del Grial…

Mi fetiche más destacado es Depeche Mode, en algún momento llegué a tener todo lo que habían publicado, rarezas incluidas… ¿Una imagen vale más que mil palabras?

A veces juego a coger paquetitos de discos al azar, como en la fotografía principal que acompaña este post, 3 montoncitos de dos estantes diferentes. ¿Qué encontré esta vez? Prince, Thelonious Monk, Janis Joplin, Lenny Kravitz, Inxs, Softcell, Simple Minds, The Cure, Talk Talk, Tears for fears, U2, Smiths, Miles Davis, Public Enemy, Run DMC… Así es mi colección. No me gusta la palabra ‘ecléctica’, resuena llena de ego. Es variada, ¡demasiado! pero me explica a la perfección.

1 Comment
  • SandraR
    Posted at 18:05h, 09 febrero

    La búsqueda de la melodía perfecta que te defina en un momento dado y esto se puede convertir en mil millones de discos.
    ❤️

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