¿Por qué no te basta? – Soltar y dejar ir

¿Soltar y dejar ir? ¿Cómo? ¿Ya? No, no estoy listo, todavía no. Los días van pasando. Sin ilusiones ni engaños, sí, pero también sin desesperanza, sentimientos huidizos, poco propicios al reposo y la sementera. Uno no puede soltar si antes no ha dado tiempo para que se posaran en el fondo de su espíritu cuantos sentimientos han ido constituyéndole. Porque no algo distinto, sino sentimientos somos. Y, de entre estos, aquel que más azuza, mejor traza nos da; a cada cual la suya, claro. Pero todos, en general, somos como un trazo de sentimientos, tomados así, en racimo y sin hacer grandes distingos. Sentimientos que son la materia prima de la vida, aquello con lo que los artistas forjan sus obras, lo más humano, la piedra angular y la clave del arco de la existencia. Y también objeto único de todos mis desvelos. Sentimientos. Míos y de ningún otro, ni los tuyos ni los de aquél, la vida, siempre distinta, de cada cual. Mi propia historia personal, esa hilacha de existencia que ya no es más que un jirón de recuerdos.

¿Soltar y dejar ir? Arrancarte de mi vida para dejar que duermas eternamente en mi memoria, mientras dure el tiempo breve en que seguiré siendo. Durar lo que uno dura, vivir no más ese hálito fugitivo que también tú eres: un respiro, una ilusión.

No Comments

Post A Comment