The Practice Bali – Transformando mi yoga

Hace unas semanas tuve mi primer contacto con The Practice. En muy pocos días, sin habérmelo propuesto y sin ni siquiera buscarlo mi práctica está desmoronándose. Estoy completamente abrumado. Como si todos estos años de yoga ya no me sirviesen. Como cuando te pones una chaqueta que se ha quedado pequeña, grande o ha pasado de moda. No la tiras porque nunca se sabe si vas a adelgazar, engordar o si esa moda volverá. Ahora veo todos esos años de yoga como un puñado de buenos momentos sobre el mat, muchas endorfinas haciendo cosquillas en los primeros minutos tras la práctica, una cuenta de instagram llena de fotos, una agenda llena de personas maravillosas que han ido sumándose a mi ‘journey’ y algunos ligues de ‘estudio de yoga’.

¿Ya está bien, no?, ¿Son muy buenos argumentos? Sí, lo son, son razones de mucho peso que justifican mi dedicación y compromiso con el yoga, pero… ahora no son suficiente. Cuando finalmente experimentas cómo la contracción de mula bandha al finalizar la exhalación está tendiendo un puente al AHORA muchas cosas cobran sentido.

Ahora ya sé que respirar no sólo es inhalar y exhalar aire, sé qué tengo que hacer con ese aire. Cómo cogerlo, cómo y porqué retenerlo, cómo expulsarlo, qué ocurre cuando cambio la cadencia… qué persigo con la respiración, qué pasa si inhalo por la fosa nasal izquierda y qué pasa si lo hago por la derecha. Qué ocurre si controlo de diferente forma la musculatura del core y tronco superior durante la inhalación y la exhalación. Y no estoy intentando hablar de las técnicas que he aprendido. Intento explicar lo que me está ocurriendo, cómo me estoy sintiendo durante y después de realizar un profundo trabajo de respiración.

Gracias a mi practica de ashtanga aprendí a moverme a través de la respiración. Deficientemente, añado. Ahora estoy aprendiendo a moverme a través de un mantra, no sólo estoy recitando versos en una lengua que desconozco. Sigo sin entender lo que digo y no sé cómo explicar lo que en ese momento me está sucediendo. Pero están sucediendo cosas muy interesantes. Desconozco cuanta culpa tuvieron mis maltratadaa rodillas, pero reconozco que cuando el otro día apenas había superado la primera mitad de las 108 veces que recitamos el Gayatri Mantra me estaba empezando a agobiar por cuanto se tardaba en recorrer el mala, pero hoy, unos días después, aún siento como ese momento de devoción está ayudándome en esta transformación.

Y qué sucede cuando los mantras se convierten en música en una sala llena de yoguis cantando juntos. No sé cómo explicarlo. Mi mente cartesiana aún no ha podido procesar esas emociones ni entenderlas. Solo sé que me emociono, se me pone la piel de gallina y acabo llorando. No son lágrimas miserables, tampoco de una alegría desbordante. No sé lo que es. La práctica de Kirtan ya no es un concierto de hippies, ahí se vibra mucho y muy alto.

No quiero ser injusto con mi práctica. Es gracias a ella que he llegado hasta aquí. La he disfrutado y lo seguiré haciendo porque me hace sentir bien. Dentro y fuera del mat. Pero no me saca de mis ‘tres bastardos’, los tres chakras inferiores. Hay fuego, pero no lo suficientemente vivo como para disparar un cambio de destino.

Y sólo han pasado unas semanas… Así es Salema, lo mismo te enseña a elegir las pitayas, te explica con acento galaico-ruso la historia del nacimiento de Ganesha, te cocina un excelente Dhal o te mete en un tremento lío de esos que te desmontan tu yoga. Te quiero mi Salemita.

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